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Compartiendo el Evangelio

  • ELIMINANDO EL COSTO DE OPORTUNIDAD DE UN MENSAJE NO TRANSMITIDO
  • por H. Chapa

 

¿Cómo juzgaría usted a una persona que teniendo la información para cambiar o salvar la vida a otro simplemente se queda cayado y no se la comparte?

Una situación así se juzga duramente, pues el principio de verdad es que el que sabe hacer lo bueno y no lo hace es igual que el que deliberadamente va y hace lo malo (Santiago 4:17). Actuar así, como decimos coloquialmente, “no se vale”.

A veces los costos más grandes y desafortunados en los que incurrimos no son los que conocemos, sino los que nos privan de un estado de bienestar que desconocemos.   Este es el costo de oportunidad, que es cuando nos perdemos el valor de una mejor opción no realizada porque no tuvimos siquiera la oportunidad de conocerla.

La gran información, el gran mensaje de Dios que puede cambiar vidas tiene nombre propio: Jesucristo. De hecho, en ningún otro hay salvación porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos (Hechos 4:12). ¿Salvados de qué? De la condición caída de estar separados de Dios por culpa de nuestro pecado. Esto es el evangelio.

El evangelio consiste en que Dios, como Padre, no quiere que nadie esté privado de una vida de verdaderas bendiciones, ni mucho menos privado de una eternidad con él después de morir, motivos por los que envió a Jesucristo a tratar con el problema del pecado para que todo aquel que cree en él no se pierda de estas condiciones de vida (Juan 3:16).

Cuando Jesucristo partió de este mundo depositó en sus creyentes seguidores el privilegio y la responsabilidad de compartir esta valiosísima información (Marcos 16:15).

En Juan 20:23 se registran las siguientes palabras de Jesús a sus discípulos: “A quienes remitiereis (quitar) los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos”.  Esto significa que quienes conocemos el mensaje tenemos la capacidad de marcar una gran diferencia en los demás.

¿Cómo alguien puede quitar a otro sus pecados y cómo se los retiene?   Una respuesta concreta está en el costo de oportunidad que describe Romanos capítulo 10.

Este capítulo primero declara la manera en que una persona puede recibir el regalo de la salvación y así hacerse receptor de una nueva condición de vida. Lo dice en los versículos 8 al 10: “… Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo”.

Para llegar a esta acción de confesión que cambia de muerte a vida a una persona hay una serie de eventos que tienen que suceder.

En los versículos 13 al 15 de describe la progresión causa-efecto para hacer posible que una persona sea salva (librada de la barrera del pecado y sus consecuencias para pasar a vida):

  1. Para que alguien sea salvo tiene que invocar al Señor, confesando la obra de Jesucristo.
  2. Para que alguien invoque al Señor antes tiene que creer en él.
  3. Para que alguien crea en el Señor antes tiene que escuchar de él.
  4. Para que alguien escuche del Señor antes tiene que haber alguien que le hable de él.
  5. Para que alguien hable del Señor antes tiene que ser enviado/capacitado.

¿Cómo podemos remitir los pecados de otra persona? Haciendo el paso 4, hablándole de Cristo. ¿Cómo podemos retenerle sus pecados? No dándole la oportunidad de que conozca el mensaje del evangelio por nuestra boca, lo que en consecuencia significa no darle la oportunidad de creer en el Señor, ni darle la oportunidad de invocar al Señor, ni darle, a final de cuentas, la oportunidad de ser salvo, con lo que deliberadamente le privamos de tener vida abundante hoy y vida por la eternidad.

El costo de oportunidad de una persona que no invoca para salvación al Señor por desconocer el valor de este mensaje es demasiado grande.

Cuando entendemos esta simple progresión somos invitados en nuestra conciencia a compartir el evangelio de Cristo. Evangelio significa “buenas noticias” y es el mensaje de salvación para todo aquel que cree en Jesucristo.

Compartamos lo valioso que tenemos a las personas que más nos importan, a nuestra pareja, a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestros allegados, y poco a poco extendamos nuestro círculo de misericordia e influencia hacia otras personas con las que nos topamos en nuestra comunidad.

Le invitamos a hacer uso de distintos recursos para realizer esta labor, como asisitr e invitar a otras personas a foros donde se comparte en que consiste la Obra de Jesucristo, capacitarse solicitando tomar el Discipulado 1 a 1, e inscribirse en el Curso de Evangelismo.

Hubo un rey del antiguo y grandioso reino de Babilonia, el Rey Nabucodonosor, que tuvo un encuentro con Dios. Como consecuencia de dicha experiencia que cambió su vida escribió su narrativa en el libro de Daniel capítulo 4, donde se destaca la siguiente verdad que sigue siendo vigente el dia de hoy:

“Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo” (Daniel 4:2)

Compartir el evangelio es compartir las buenas noticias de lo que Dios ha hecho en usted, es compartir el mensaje de vida de Dios por medio de Jesucristo. Compartir el evangelio conviene y conviene mucho.

Compartir el evangelio honra a nuestro Señor porque atendemos una de su últimas instrucciones que dio a quienes le siguen:

“Les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo…” – Marcos 16:15-16

 

Si desea tener más información sobre este tema o cómo tener un encuentro personal con Dios, envíenos un mensaje.

 

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