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Perdiendo el Control

  • DEJAR A DIOS LOS RESULTADOS
  • por H. Chapa

 

“Mientras más deseas controlar algo, más se sale de tu control.” – Clayton Kershaw

 

¿Cuántos de nosotros no hemos experimentado esto en diferentes situaciones? Viniendo de uno de los mejores lanzadores de las Grandes Ligas, esta frase cobra más fuerza, pues ser un buen pitcher se basa en tener control del lanzamiento de la pelota.

En las situaciones de la vida podemos perder el control por muchas razones, generalmente atribuibles a nuestras limitaciones o por la acción de otros en nuestra contra. Sin embargo, hay un momento particular donde Dios, por su misericordia, interviene para llevarnos a perder el control.

Veamos como es esto y su propósito en el caso de un hombre cercano a Dios cuya biografía encontramos en la Biblia, David, el segundo rey de Israel.

Antes que David subiese al trono vivió un período de exilio en el que injustamente era perseguido por el Rey Saúl, quien se hizo su enemigo por envidia al ver como el pueblo le prefería y también como Dios mismo favorecía a David, mientras que a él le había rechazado.

David estaba siendo perseguido por el ejército del Rey Saúl por lo que huía escondiéndose donde podía, sin embargo al multiplicarse la persecución, a David se le agotaron los lugares donde podía esconderse en el país. Como no tenía las condiciones para enfrentar al ejército tomó la muy riesgosa decisión de ir al único lugar donde el Rey Saúl no tenía hombres: el país enemigo de Israel, Filistea.

Para colmo de males, no solo fue a la tierra de los filisteos, sino en particular a la ciudad de Gat, la ciudad de donde era ese gigante Goliat al cual David había derrotado años atrás y a causa de esa derrota los ejércitos enemigos retrocedieron. David sin duda era conocido y odiado por los habitantes de Gat.

1 Samuel 21:10-14 narra que al estar David en Gat fue descubierto. La reacción de David al verse tan vulnerable y a merced de sus enemigos se describe así en el versiculo 13:

“… fingió perder la razón y, en público, comenzó a portarse como un loco, haciendo garabatos en las puertas y dejando que la saliva le corriera por la barba.”

No tenía otra opción, solo eso podía darle una oportunidad de salir librado, y fue así. Cuando trajeron a David al gobernante de la ciudad, éste dijo: “¿Pero qué no se fijan? Ese hombre está loco, … ¡sáquenlo de mi presencia!”.

David no se hizo el fuerte, simplemente se dejó ir perdiendo el control y Dios lo libró. Así también Dios nos llevará a un primer tipo de presión para que nos atrevamos a tomar esta decisión:  PERDER EL CONTROL CONFIANDO EN DIOS.

Perder el control confiando en Dios es una práctica que nos vacía de nuestra autosuficiencia. Cuando lo hacemos, permitimos a Dios actuar a nuestro favor. 

 

Posteriormente David y sus hombres volvieron a su nación, Israel, y se enteró que la ciudad de Keila, una ciudad cercana a donde se encontraba, había sido atacada y saqueada por los filisteos, y entró en una encrucijada:

– Opción (a): “Tengo hombres para liberar a Keila, pero si lo hago, el Rey Saúl puede enterarse donde estoy y estaremos tan debilitados por la lucha que cuando llegue su ejército, seremos presa fácil.”

– Opción (b): “No voy a liberar a Keila para no exponerme a ser capturado por el ejército del Rey Saúl, pero le habremos quitado la oportunidad a las familias de toda una ciudad de recuperar su patrimonio.”

¿Tú que harías? En 1 Samuel 23:7-14 se narra que David consultó varias veces a Dios y tomó la decisión de ir a liberar Keila.  Lo mejor es que todo salió bien: venció a los filisteos, restauró a la ciudad y la noticia de que David estaba en Keila llegó tarde al Rey Saúl, por lo que no fue tras él.

David no vió por su conveniencia dejando la misericordia y la rectitud de lado, sino que consultó a Dios e hizo lo correcto. Así también Dios nos llevará a un segundo tipo de presión para que nos atrevamos a tomar esta decisión: HACER LO BUENO EN EL TIEMPO MALO.

“ Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion.” (Salmos 84:5-7)

Hacer lo bueno en el tiempo malo es una práctica que nos fortalece en los caminos de Dios. Cuando lo hacemos, Dios nos usa para cambiar lo devastado en nuevos comienzos.

 

Posteriormente a esto sucede algo espectacular, que se puede leer en 1 Samuel 24. El Rey Saúl reanuda la persecución y llega muy cerca a donde David se encuentra, tan cerca que sucede que el Rey Saúl se detiene en una cueva a hacer sus necesidades y David y sus hombres estaban escondidos al fondo de esa misma cueva.

1 Samuel 24:4 narra lo que uno de sus hombres dijo a David, sin duda emocionado por la oportunidad que tenía de acabar con su enemigo y poner fin al exilio y persecución: “En verdad, hoy se cumple la promesa que te hizo el SEÑOR cuando te dijo: –Yo pondré a tu enemigo en tus manos, para que hagas con él lo que mejor te parezca.—“

Que tentador, ¿no lo crees? Asesinar por la espalda al enemigo y poner fin a años de desdicha y peligro.

Pero hasta este momento, David se había conducido de acuerdo a los estándares de Dios, aprendiendo a perder el control confiando en Dios y a hacer lo bueno inclusive en el tiempo malo, así que decidió seguir de poder en poder y no se hizo justicia por su propia mano, sino que dejó la venganza en manos de de Dios.  Este principio se encuentra en Romanos 12:19 y 21:

“No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré», dice el Señor.” y “No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.”

David no fue oportunista, ni justificó como algo que venía de Dios el hecho que ahora se le presentaba la oportunidad de salir por un atajo de un problema por motivaciones incorrectas. Así  también Dios nos llevará a un tercer tipo de presión para que nos atrevamos a tomar esta decisión:  NO TOMAR ATAJOS.

No tomar atajos es una práctica que nos permite no salirnos del plan de Dios para convertirnos en personas de grandeza, dejando que Dios nos respalde.

 

El resultado de todo esto en David es que, aunque aparentemente prolongó el tiempo de su aflicción, a su tiempo Dios se encargó de todo, inclusive vengando a David al orillar al Rey Saúl a una derrota tan dolorosa que él mismo se quitó la vida.

En cambio, David alcanzó la grandeza no solo al asumir el trono sino al mantenerse como un hombre íntegro, confiable, paciente, y habiendo desarrollado la madurez y la sabiduría para gobernar una nación en el respeto a Dios.

Confiar en Dios, hacer lo bueno en el tiempo malo, y renunciar a no tomar atajos indebidos tienen en común la decisión de atreverse a perder el control, y hay grandes bendiciones como resultado de ello.

Te invito a conocer el testimonio de Clayton Kershaw, 3 veces declarado el mejor pítcher del año en las Grandes Ligas.

Estando en medio de situaciones muy difíciles decidió renunciar a tener el control de su vida y en ese momento Dios le abrió una tremenda puerta, al ser reclutado para jugar baseball en las Ligas Mayores y cambiar así su destino:

 

 

Dios tiene una razón para que nos atrevamos a perder el control confiando en El, a hacer lo bueno en el tiempo malo, y a no tomar atajos indebidos.  Esta razón es: DEJARLE A EL LOS RESULTADOS.

¿Queremos empezar a dejar a Dios que se encargue de los buenos resultados?  Ya sabemos que tres cosas hacer.

 


Si usted tiene preguntas, comentarios o quisiera saber más sobre cómo tener un encuentro con Dios, envíenos un mensaje a info@grupoelcamino.org, o visítenos en la REUNION DEL CAMINO.

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